jueves, 22 de octubre de 2026

Cuando un perro muere.

   El día 12 de octubre de 2026 (sí, El día de la Hispanidad), murió nuestra perrita Waka. 

  Le había puesto ese nombre porque justo la adoptamos cuando se estaba celebrando el mundial de fútbol del 2010 y la canción que lo abanderaba era la de Waka-Waka de Shakira y como soy fan, me gustó. La encontré por internet en un pueblo de Granada, la iban a llevar a la perrera inminentemente. Tenía como 7 hermanos/as y fue la única que al verme, se acercó corriendo a mí, a mis abrazos, la vi tan pizpireta y simpática que, obviamente sería la elegida. Wakita tenía ya unos dieciséis años y medio, nos acompañaba desde antes de tener a mis tres hijos, fue nuestra primera "perrija"...murió de anciana que es todo un privilegio para ella pero sobre todo para nosotros, claro...

 

                                        Wakita en la nieve, hace algunos años. Disfrutó mucho ese día, saltaba

                                                                                      y retozaba cual cabra loca...     

 


Un momento muy feliz paseando con Martina. Foto: A. Velázquez


  Anoche, no podía dormir, me acordaba de ella, sentada en mi sofá miraba hacia donde ella solía tumbarse, donde estaba su cojincito y no podía evitar llorar (¿sabéis que es un misterio y no se sabe bien porqué, sólo en el humano, caen lágrimas de los ojos y no sólo por un mecanismo de defensa frente a agentes externos sino como consecuencia de un estado de ánimo, sin "ninguna función útil" aparente? ésto es tema para otro blog...). Decidí escribir lo que sentía, para, al menos, liberarlo afuera y que quedara constancia de lo que siento y sentí por ella. lo que escribí no es muy extenso, no es todo lo que vivimos con ella, pero es sólo lo que me salió de adentro, ya de madrugada, al acordarme de ella y os lo comparto por aquí:

 

 CUANDO UN PERRO MUERE 

   Cuando un perro muere se lleva algo tuyo para siempre. Se lleva consigo esa parte de tu vida que compartisteis, así como parte de la esencia que ese animal fue, se queda dentro de ti. 

  Cuando un perro muere, queda un gran vacío pero que enseguida se llena de amor, del amor que rebosa, pues queda sobrante en ti, pero es ese amor y esa energía de gratitud la que, a su vez, te llena y te reconforta. Creo que esa energía de gratitud se queda en tu pecho como una impronta, es algo que nunca pensaste que una mascota podría darte pero es así. Ellos, nos dan a nosotros mucho más de lo que nosotros les damos, pues, nos enseñan a ser mejores personas, nos recuerdan que no sólo los seres humanos habitamos este hermoso planeta y que se hace más grandioso al compartirlo con ellos. Te dan cariño, compañía, lealtad, te transmiten la alegría por vivir, hacen que te des cuenta que un paseo puede ser lo más importante de un mal día y ellos hacen que las preocupaciones y problemas desaparezcan al instante, pues, recapacitas y ves que "sólo están en tu cabeza"  y que lo más importante (salud, seres queridos, hogar..) ya lo tienes, incluidos a ellos...además de que sienten y presienten si no estás bien, se acercan, se pegan a ti, para mitigar tu pesar, seguro que "absorben" en cierto modo parte de ese dolor y lo transmutan en energía pura de cariño, de amor. Ellos, son libres, son puros, son inocentes, nos recuerdan que debemos pensar menos y sentir más, "hacer" y tener menos y sentir más...

   Cuando un perro muere a nadie le importa, sólo a ti que lo quisiste, nadie lo nota, pero el Universo sí, porque se pierde esa chispa vital, pero esa energía, al mismo tiempo, se reparte y una porción regresa al propio Universo y otra entra en tu corazón y ahí queda, acoplada a él para siempre, como si un abrazo cálido lo envolviera.

   Cuando un perro muere, de repente tomas conciencia de que ellos hacen un "curso intensivo de la vida", escuché a un niño decir que:"los perros viven pocos años porque ya llegan a la Tierra sabiendo ser felices" y me encantó...viven sin más, siempre en el ahora, siempre dispuestos a mover la cola, a una caricia, a un juego, a correr tras su pelota, ellos viven conectados con el presente todo el rato y nos ayudan a nosotros a hacer lo mismo...

 

A Wakita. 

 

Gracias por elegirme como tu dueña y compañera de vida. 

Nos vemos al otro lado. 

¡¡Adios amiga!! 

Tomando el solecito con Misha Foto: A. Velázquez